La lección de Lehman para la banca mundial

Cinco años después del colapso de Lehman Brothers, la banca estadounidense está más concentrada en unas pocas entidades y sigue entrañando riesgos.

 

Cuando el banco de inversión estadounidense Lehman Brothers quebró hace cinco años, las economías de los mercados emergentes no tenían en su poder muchos de los activos financieros tóxicos -principalmente hipotecas norteamericanas de alto riesgo- que alimentaron la crisis financiera global que sobrevino después.

Cuando el banco de inversión estadounidense Lehman Brothers quebró hace cinco años, las economías de los mercados emergentes no tenían en su poder muchos de los activos financieros tóxicos -principalmente hipotecas norteamericanas de alto riesgo- que alimentaron la crisis financiera global que sobrevino después.

Pero resultaron profundamente afectadas por el colapso del comercio mundial, que registró una caída de máximo a mínimo de por lo menos el 15%, a la vez que las líneas de crédito para operaciones comerciales se contrajeron marcadamente, debido a una escasez de liquidez de dólares. ¿Los responsables de las políticas económicas han respondido de manera apropiada desde entonces?

Poco después de que estallara la crisis, los países del G-20 adoptaron paquetes de estímulo robustos, políticas monetarias no convencionales en las economías avanzadas e importantes esfuerzos institucionales, como la legislación sobre reforma financiera Dodd-Frank en Estados Unidos y la iniciativa de Basilea III para fortalecer las normas bancarias. El paquete de estímulo de 4 billones de yuanes de China, dado a conocer en noviembre de 2008, restauró la confianza en los mercados de materias primas globales. Impulsados por un fuerte crecimiento chino, los mercados emergentes se estabilizaron.

Desde 2009, el alivio cuantitativo (QE por su sigla en inglés) de la Reserva Federal de los Estados Unidos hizo que las tasas de interés alcanzaran niveles mínimos sin precedentes en todo el mundo. Pero, si bien el incremento resultante de los flujos de capital hacia los mercados emergentes estimuló el crecimiento económico, también infló las burbujas de activos.

Ahora que la Fed evalúa públicamente poner fin a sus compras monumentales y sin plazo definido de títulos a largo plazo y el capital extranjero abandona los mercados emergentes, muchos temen que las economías de Asia puedan llegar a derrumbarse, como lo hicieron a fines de los años 1990. El apalancamiento en los sectores de hogares y corporativos de algunos mercados emergentes ha alcanzado niveles sin precedentes. El crecimiento económico anual de China se ha desacelerado a aproximadamente 7,5%, mientras que Indonesia y la India –y, fuera de Asia, Brasil y Sudáfrica- están experimentando una marcada presión bajista en sus tipos de cambio.

Es más, no hubo una reforma importante de la arquitectura financiera global. El renminbi de China se está internacionalizando, pero su porcentaje en los pagos globales sigue siendo relativamente bajo, mientras que el dólar conservó su papel como la principal moneda de reserva del mundo. Y si bien la reforma regulatoria está avanzando, su efectividad a la hora de enfrentar las debilidades expuestas por la crisis financiera global dependerá no sólo de las nuevas reglas que surjan, sino también de la consistencia y la calidad de su implementación.

Ha habido un progreso encomiable respecto de los requerimientos de capital para los bancos de Basilea III -25 de los 27 miembros del Comité de Basilea han emitido reglas finales-. De la misma manera, el impacto de los cambios regulatorios que resultan de una legislación importante y de las directivas en materia de políticas en Estados Unidos, Europa y el Reino Unido sobre la industria bancaria y de seguros, los impuestos a las transacciones financieras, las leyes contra el lavado de dinero y el delito cibernético probablemente sea sustancial.

Si bien las reglas sobre el sistema bancario paralelo todavía no han sido formuladas, otro problema que había quedado expuesto con la crisis ahora ha amainado: el déficit externo de Estados Unidos se redujo a un 2-3% del PBI, un porcentaje mucho más manejable, acompañado por caídas en los excedentes de Japón y China. El reequilibrio del comercio global está entre nosotros.

Aun así, las condiciones fiscales en las economías avanzadas siguen siendo insostenibles. Los niveles de deuda de muchos de los miembros de la OCDE rondan el 100% del PBI. Japón, que tiene uno de los ratios deuda/PBI más altos del mundo -hoy en día muy por arriba del 200%- está llevando a cabo un experimento riesgoso con un estímulo monetario adicional para intentar llegar a una inflación anual del 2%. En muchas economías avanzadas, las políticas tanto monetarias como fiscales han alcanzado los límites de su efectividad.

Los interrogantes clave hoy son si el crecimiento económico global se puede sostener sin un alivio cuantitativo, si la producción de los mercados emergentes seguirá creciendo sostenidamente, aun si fuera a un ritmo más lento, y si los esfuerzos de las reformas financieras globales de hoy bastarán para impedir otra crisis en los mercados emergentes.

Dado el alto grado de globalización del comercio y las finanzas que hoy caracteriza a la economía mundial, no existe ninguna duda de que la desaceleración en las economías avanzadas, que representan las dos terceras partes del PBI global, minará el crecimiento de los países emergentes. De hecho, la amenaza de retirar el alivio cuantitativo ya está teniendo un enorme impacto en los mercados de activos de las economías emergentes. Conforme las tasas de interés reales y las primas de riesgo empiecen a subir, el nivel de comercio e inversión global declinará.

En los próximos años, los mercados emergentes muy probablemente tengan que lidiar con la implementación de normas regulatorias financieras globales, que se aplicarán principalmente en mercados financieros más sofisticados. También enfrentarán un contexto externo que cambia rápidamente y una creciente necesidad de manejar los flujos de capital de manera más efectiva, lo que requerirá una coordinación más estrecha entre los bancos centrales y los reguladores financieros.

De hecho, quizá la lección más importante que hemos aprendido luego del colapso de Lehman Brothers sea que ya no podemos darnos el lujo de examinar los problemas en términos de instituciones individuales y de “silos” regulatorios. El alto grado de interconectividad, interdependencia y los complejos mecanismos de retroalimentación de la economía global implican que un eslabón débil puede derribar todo el sistema.

En otras palabras, el mundo necesita una estrategia sistémica para lidiar con riesgos sistémicos y fallas del sistema. Desafortunadamente, tal vez no haya que ser demasiado optimista respecto de poder fortalecer la gobernancia financiera global mientras la implementación y el cumplimiento de las reglas se mantengan a nivel nacional.

Al igual que otros mercados emergentes, China está comprometida con la estabilidad financiera y con desempeñar su rol en la reforma del sistema financiero global. China fue uno de los primeros países en firmar las normativas de Basilea III, y se implementará una mayor internacionalización del renminbi de una manera prudente y pragmática. Las reformas financieras domésticas se centrarán en fortalecer la coordinación de las políticas y en avanzar hacia tasas de interés determinadas por el mercado y una flexibilidad del tipo de cambio.

Todas estas medidas contribuirán a un crecimiento doméstico sustentable y a un sistema financiero global más estable. Los responsables de las políticas en otras economías emergentes importantes harían bien en actuar con el mismo objetivo en mente.

Liu Mingkang | Hong Kong

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