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Salud, “artículo” indispensable para unas vacaciones seguras
Las vacaciones de Semana Santa son una buena ocasión para descubrir nuevos lugares, pero hay que prestar especial atención a los aspectos sanitarios. Dejar las cosas para el último momento nunca es una buena política y menos cuando entra en juego la salud.
Por ello, antes de viajar a determinados destinos hay que consultar con un especialista para que nos indique si es necesario vacunarse o adoptar ciertas medidas de protección antes de emprender el camino. Esta visita al doctor debe hacerse con suficiente antelación.
“Es recomendable acudir a las unidades del viajero al menos dos meses antes del viaje, ya que algunas vacunas precisan varias dosis”, afirma María Dolores Herrero, médico de la Unidad del Viajero del Hospital Carlos III de Madrid.
Además, de esta manera el paciente se asegura de que su sistema inmune haya desarrollado bien las defensas frente a las enfermedades.
La doctora señala que siempre que se viaje a zonas tropicales conviene informarse de si es necesario o no pasar por un centro de vacunación internacional. En este sentido, aconseja consultar el sitio web “www.madrid.org/saludviajero”, donde se puede encontrar información sobre las vacunas exigidas, las vacunas recomendadas y el riesgo de paludismo en cada país.
Pero, aunque no sea preciso asesorarse específicamente en un centro de vacunación internacional.
En el terreno de las vacunas, las mujeres gestantes y las personas con enfermedades crónicas deben prestar especial atención. “En principio, en las embarazadas están desaconsejadas las vacunas de virus vivos que, a veces, son necesarias para viajar al trópico. Asimismo, algunos de los medicamentos empleados para prevenir la malaria están contraindicados durante el embarazo por la posibilidad de afectar al desarrollo del feto”, comenta la doctora Herrero.
Llevar al viaje un buen botiquín
Respecto a los pacientes crónicos, también puede haber contraindicaciones para recibir alguna vacuna si su enfermedad, o bien el tratamiento que reciben, tiene efecto inmunosupresor, al decir de la especialista.
Además, “puede haber interacciones entre los fármacos que se le indican al viajero para prevenir la malaria y la medicación que toma”, apunta Herrero.
Aparte de la vacunación necesaria, otro aspecto fundamental antes de viajar es preparar el botiquín. Herrero subraya que en él hay que incluir “la medicación que tomemos habitualmente, sales de rehidratación oral, paracetamol, desinfectante para las heridas, apósitos y crema de protección solar. Además, según el perfil del viajero, puede ser necesario añadir “medicación para los síntomas de la alergia, laxantes, antiinflamatorios y antibióticos”, precisa.
Algunos medicamentos con receta o artículos sanitarios especiales requieren un certificado firmado donde se declare que el viajero los necesita por una circunstancia médica. Es más, ciertos países “no sólo exigen que dicho certificado esté firmado por un médico sino también por la administración sanitaria nacional”, manifiestan los especialistas de la Organización Mundial de la Salud en un informe titulado “Viajes internacionales y salud”.
Asimismo, esta entidad recomienda llevar artículos de aseo suficientes para todo el viaje, a menos que su disponibilidad esté asegurada en el lugar de destino. Entre ellos, aconseja incluir productos para el cuidado dental, de los ojos, de la piel y los necesarios para la higiene personal. También hay que portar “jabón alcalino para lavar las heridas sospechosas de estar contaminadas por rabia”, destaca.
En algunos países, un pequeño insecto puede originar un gran problema. Para evitar sus picaduras, la doctora Herrero aconseja “llevar ropa de manga larga y pantalón largo de colores claros. No obstante, hay que emplear repelentes en la piel que quede al descubierto”.
En este sentido, la especialista explica que los repelentes que resultan útiles en el trópico son aquellos que tienen una sustancia llamada DEET a una concentración de entre el 35% y el 50%.
Fumigar las habitaciones con insecticida, utilizar aire acondicionado o ventiladores y dormir con mosquiteras si no se dispone de aire acondicionado, son sus recomendaciones.
También hay que ser precavidos a la hora de sentarse a la mesa. De este modo, si se viaja a un país en vías de desarrollo hay que tomar los alimentos cocinados. Sólo es aconsejable tomar cruda “la fruta que pelemos nosotros mismos”, apunta. Además, la doctora indica que hay que beber agua embotellada o, en su defecto, hervida, filtrada o potabilizada con cloro o yodo.
Relación entre buceo y avión
Pero, aparte de estas recomendaciones generales, es necesario tomar precauciones especiales en función de la actividad que vayamos a realizar.
Así, si durante las vacaciones vamos a practicar submarinismo, tenemos que dejar pasar el tiempo suficiente antes de subirnos a un avión.
“No se aconseja volar en las primeras 24 horas después de haber buceado y descendido a zonas de gran profundidad. En este caso, existe riesgo de descompresión, ya que las cabinas de los aviones tienen una presión equivalente a 2.000 metros de altura”, aclara la doctora Herrero.
La altura también puede suponer un problema en tierra firme. De hecho, los turistas que visitan ciudades situadas a gran altitud, en ocasiones, se enfrentan al mal de altura, también llamado mal agudo de montaña. Está causado por la reducción de la presión atmosférica y de los niveles de oxígeno que se da a grandes alturas, generalmente cuando se asciende a más de 2.400 metros.
Mareo, sensación de vértigo, náuseas, vómitos, dolor de cabeza y dificultad respiratoria son algunos de sus síntomas, según indican los especialistas de “medlineplus”, un servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
Quienes más posibilidades tienen de padecer este cuadro son las personas que viven al nivel de mar y viajan hasta una gran altura, así como aquellos que ya lo han sufrido con anterioridad, añaden.
“La única forma de prevenir el mal de altura es la aclimatación progresiva”, asegura la doctora Herrero. Por ello, recomienda no dormir a más de 500 metros por encima de donde se durmió la noche anterior. Asimismo, considera útil “beber bastantes líquidos, evitar la sal, el ejercicio excesivo y las comidas copiosas”.
Una vez en casa, los viajeros deben someterse a un examen médico si padecen una dolencia crónica o si han experimentado alguna enfermedad en las semanas posteriores a su regreso.
“Sobre todo si tienen fiebre, diarrea persistente, vómitos, ictericia, trastornos urinarios, enfermedades de la piel o infecciones genitales”, advierte la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía (sur de España).
También tienen que hacerlo si creen que han estado expuestos a una enfermedad infecciosa grave durante el viaje o si han pasado más de tres meses en un país en vías de desarrollo. Esta entidad destaca que la fiebre, a la vuelta de una zona con malaria endémica, “es una emergencia sanitaria y los viajeros han de buscar atención médica inmediata”.
EFE






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